Iker Casillas: del piso de 60 metros cuadrados de Móstoles a la cima del fútbol
Pocas historias hablan tan bien de este municipio como la de Iker Casillas. Antes de levantar los títulos más codiciados con el Real Madrid y de convertirse en leyenda con la Selección Española, el que está considerado uno de los mejores porteros de todos los tiempos era un niño mostoleño que vivía con su familia en un piso modesto, sin ningún tipo de lujo.
"Vivíamos en un piso de 60 metros cuadrados", ha recordado el propio guardameta en una entrevista concedida a la revista XL Semanal, donde repasa una infancia marcada por la austeridad. "Digamos que mi infancia fue austera", añadía en esa misma conversación. Nada que ver con la vida de estrella mundial que llegaría años más tarde.
Un padre estricto que no faltaba ni un día
Detrás de semejante carrera deportiva hubo un enorme esfuerzo familiar. Su padre, José Luis Casillas, era miembro de la Guardia Civil y no dudó en sacrificarse para asegurar un futuro mejor a los suyos. De hecho, llegó a solicitar el traslado al País Vasco en dos ocasiones con un objetivo muy concreto: ganar algo más de dinero gracias a los pluses de destino.
José Luis tampoco era un padre permisivo. En una charla con Vicente del Bosque recogida por el diario Sport, Casillas lo explicaba así: "La gente ve todo lo que he ganado, pero no que durante ocho años mi padre cogía el coche y me llevaba cada día desde Móstoles. Él sabía que era bueno, pero no quería que me confundiera y era más estricto, porque era Guardia Civil".
La madre, el pilar con imaginación
En casa también pesaba la figura de María del Carmen Fernández, su madre, ama de casa que además estudió para ganarse la vida como peluquera. Ella era el pilar que mantenía a la familia a flote a base de esfuerzo diario y, sobre todo, de mucha imaginación. Y fue también quien ayudó a alimentar, literalmente, el gran sueño de su hijo.
Porque Iker lo tuvo claro desde muy pequeño: su lugar no era el centro del campo ni la delantera, quería ser portero. Aquella vocación temprana iba acompañada de una disciplina poco habitual en un niño. Solía estudiar antes de ir a entrenar y cuidaba sus guantes como una posesión muy preciada: los reparaba cuando se rompían para alargar al máximo su vida útil.
Del esfuerzo de Móstoles al olimpo del fútbol
El camino hacia la élite no fue nada fácil, pero aquellos años de apuros acabaron dando sus frutos. Casillas conquistó algunos de los trofeos más prestigiosos y anhelados por cualquier futbolista, primero con el Real Madrid y después con la Selección Española, hasta situarse entre los mejores guardametas de la historia.
Su etapa como profesional se detuvo en 2019, durante su último período como jugador en el Oporto, cuando sufrió un infarto agudo de miocardio en pleno entrenamiento. Un episodio que truncó una trayectoria inolvidable.
Historias como esta demuestran que detrás de los grandes nombres suelen esconderse puntos de partida muy humildes. Y aquí, en Móstoles, tenemos el privilegio de que la de uno de los porteros más laureados de todos los tiempos arrancó entre estas calles, en un pequeño piso de 60 metros cuadrados donde el esfuerzo valía más que cualquier lujo.


