Lleno total en Móstoles: Castella, Roca Rey y David de Miranda salen a hombros
Quien no se apañó una entrada se quedó con las ganas: el cartel de No hay billetes se colgó en la plaza de toros de Móstoles para la corrida del lunes, 14 de septiembre de 2026, y la tarde terminó dejando un sabor de boca excelente. Sebastián Castella, Roca Rey y David de Miranda, frente a seis ejemplares de la ganadería de Vellosino, cortaron trofeos todos y los tres matadores salieron por la puerta grande a hombros de una afición entregada.
Entre lo que más gustaba del cartel ya antes del paseíllo figuraba la apuesta de la empresa por toreros jóvenes, un detalle que dio aún más gancho a un festejo que acabó siendo redondo para los tres espadas.
Castella, sentimiento y una lección de torear
El francés abrió la tarde con un castaño de más corpachón que perfil, aunque con calidad. En el capote dejó un saludo elegante y brilló en un quite por tafalleras que calentó los tendidos. El momento más emotivo llegó antes de empezar: brindó al cielo en memoria de Luis Álvarez, su apoderado, fallecido ese mismo día, y de rodillas inició una faena de trazo suave y pulso perfecto a media altura, tal como pedía el animal. Muy brillante con la mano derecha y menos por el lado izquierdo, donde el toro no fluía igual, cerró con una estocada defectuosa que no le impidió pasear una oreja.
Su tarde grande llegó con el cuarto, al que la crónica tilda de magnífica. El ejemplar engañó humillando al principio y luego sacó una embestida arisca e informal que solo pareció incomodar a un hombre: Castella. Con paciencia, dándole cuerda sin desengañarlo, fue construyendo la labor hasta imponer su ley y sacar series de mucho poso, rematando con una estocada certera que fulminó al animal. Dos orejas por una auténtica lección de lidiar toros.
Roca Rey, solvencia y mando
El peruano demostró por qué está entre los grandes del momento. Ante el segundo, un castaño apretado y musculoso, móvil en los trastos y dócil a la hora de embestir, exhibió una serenidad y una seguridad que muy pocos pueden presumir: toreó de espaldas y ligó las series con enorme naturalidad. Su mano derecha funcionó a las mil maravillas, ofreciendo al animal la altura y el pulso justos en una obra muy limpia que se tradujo en una oreja.
El quinto no era un dechado de clase, pero iba siempre para adelante, y eso aprovechó el diestro, que lo recibió con un buen manojo de verónicas rematado con chicuelinas. Donde hacía falta firmeza y poder, él apostó también por la sensibilidad para convencer en lugar de imponer: la altura de su muleta parecía encandilar la embestida y el toro, de fondo bondadoso, acababa con el morro casi rozando la arena. Mató por arriba y sumó las dos orejas.
David de Miranda, valor ante un toro complicado
El onubense se las tuvo que ver con el tercero, un negro voluminoso y docilón que esperó mucho, manseó al inicio y hasta complicó un tercio de varas problemático. Nada que ver con la determinación de David, que tiró de valor y de toreo de cercanía, muy vertical con la mano derecha, transmitiendo en las series lo que el toro no daba y adelantándose a los terrenos del rival cuando este ya andaba sin fuelle. La estocada fue certera y las dos orejas, justas y muy celebradas.
Con el sexto, el más deslucido de la corrida, no hubo manera. Los focos que coronan el coso mostoleño y las sombras que proyectan tampoco ayudaron demasiado a la lidia. Tras una llegada indecisa del animal, al que apenas pudo cuajar un par de verónicas ralentizadas, se empeñó en lucirse con la muleta, pero el toro nunca se entregó en la pelea. El público mostoleño premió su esfuerzo con una ovación.
Balance de una tarde redonda
El resultado final fue envidiable: una oreja y un par para Castella, tres para Roca Rey y dos para David de Miranda, con los tres a hombros por la puerta grande de la plaza de toros de Móstoles. Pocas tardes dan para tanto, y menos con un cartel que mezcla jerarquía consolidada y nombres jóvenes. Quien pudo estar allí ya tiene anécdota para contar; quien no, tendrá que estar atento a lo que la empresa traiga la próxima vez, porque después de un lleno y un triunfo triple, los vecinos de Móstoles saben que la cita con los toros en la ciudad da mucho juego.


